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Cada Pontífice por su origen, cultura, psicología, acentúa, en su vida, determinadas facetas del Señor. Benedicto XVI también. Se presenta como cristiano y pastor sencillo, humilde, competente y fiel al Evangelio del Maestro. Se siente protegido por “la sombra de Pedro”. Desde el inicio. Por su nacimiento y bautismo. Por las múltiples gracias que el Espíritu Santo derramó sobre él. Por el don de su ministerio sacerdotal, recibido en 1951 en la fiesta de los santos Pedro y Pablo.
Todo esto lo expresó en la misa del inicio de su pontificado. “Mi verdadero programa de gobierno -dijo- es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor, y dejarme conducir por él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia”.
Y así lo está haciendo con inteligencia, modestia, alegría y espontánea sencillez. Estas actitudes conquistan a cuantos se le acercan: niños, jóvenes y adultos, gente sencilla y también no pocos intelectuales. Recuerdo que en su elección uno de los conductores de radio lo definió la “inteligencia más conspicua de la Iglesia”. Efectivamente, sus palabras llegan y tocan el corazón, porque cuando se presenta no habla de sí mismo, sino de Dios. Dios misericordioso que conduce sus pasos, que lo envuelve en su amor. A Jesús lo siente como amigo bueno, compañero de ruta. Y su anhelo es que todos acojamos la salvación que Jesús nos ha traído.
Por eso, es un verdadero absurdo que haya católicos que, sistemáticamente, critican y atacan al Papa.
Ante las críticas acerbas e injustas, a menudo de gente ‘ignorante’, tú, amigo lector, ¿cómo reaccionas?, ¿amas firmemente a la Iglesia y a su supremo Pastor?
Pienso que la fiesta del Papa debe servir para aplicarnos todos un test, y ver cuán firme es nuestra fe y activa nuestra esperanza.
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