En 1814, el Papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el pontífice quedó libre, y llegó a Roma el 24 de mayo. Desde entonces quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.
En diciembre de 1862 Don Bosco manifestaba al P. Juan Cagliero, (más tarde primer Obispo y primer Cardenal Salesiano), que pensaba levantar un gran templo y añadía: “Hasta ahora hemos celebrado con solemnidad la fiesta de la Inmaculada porque el 8 de diciembre tuvieron principio nuestras obras. Ahora la Virgen quiere que la honremos bajo el título de María Auxiliadora. Los tiempos corren tan tristes y peligrosos que tenemos necesidad de que la Virgen nos auxilie y ayude a conservar y defender la fe cristiana”.