1.4 Auxiliadora del Perú

Corría el año 1890 cuando Don Miguel Rúa, el primer sucesor de Don Bosco se decidió a enviar a dos salesianos al Perú para estudiar el teatro de operaciones, ver el terreno y prepararlo. Y así lo hicieron Don Evasio Rebagliati y Don Ángel Savio. También visitó Lima Don Santiago Costamagna, por entonces Inspector salesiano en Chile.

Se firmó el contrato en Turín. Las Hijas de María Auxiliadora se harían cargo del Instituto Sevilla, propiedad de la Beneficencia Pública de  Lima y con ellas llegarían los Salesianos. Por entonces, Salesianos e Hijas de María Auxiliadora formaban una única realidad, que pocos años más tarde, por disposición de la Sede Apostólica, se convertiría en dos Institutos Religiosos hermanos, pero totalmente independientes.

Entonces Don Rúa decidió armar la primera expedición misionera al Perú. Nombró como director fundador al padre Antonio Riccardi a quien Don Bosco mismo había enviado a América como secretario de Monseñor Juan Cagliero, Vicario apostólico de la Patagonia cuando le llegó la obediencia. Viajó a Buenos Aires – Argentina  para embarcarse rumbo al Callao, donde desembarcó un 27 de setiembre de 1891, un día antes que el resto de la expedición.

Los demás se reunieron en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, donde Don Rúa les dio la despedida y los envió, con su bendición, a tierras peruanas. Allí estaba, devoto y emocionado, el padre Carlos Pane. Él también había sido enviado personalmente por Don Bosco a fundar la primera casa salesiana en España y estaba en Ronda cuando Don Rúa lo llamó a formar parte de la semilla salesiana en tierras peruanas. Completaban la expedición el padre Guido Terzuolo y el hermano Juan Sciolli.

Componían la expedición nueve Hijas de María Auxiliadora bajo la dirección de sor Ángela Piai, que luego sería directora de la hoy Beata Laura Vicuña en Junín de los Andes.

El 22 de agosto se embarcan en Génova para anclar en el Callao el 28 de setiembre de 1891.

Las Hijas de María Auxiliadora se hacen cargo de la Casa Sevilla ese mismo año. Los Salesianos fueron a habitar una casona en la calle Madera, cerca del Paseo de Aguas (Rímac), propiedad también de la Beneficencia Pública de Lima, hoy convertida en Asilo de ancianos. Allí iniciaron el Oratorio Festivo, la niña de los ojos de Don Bosco y de todo Salesiano. Era el 8 de diciembre de 1891, cincuenta años después de que Don Bosco iniciara su primer Oratorio con Bartolomé Garelli, en la Iglesia de San Francisco de Asís en Turín.

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