1.3 Auxiliadora de Don Bosco

Para Don Bosco, María no es solamente objeto de veneración y de fe, sino una experiencia vital que condiciona en muchas ocasiones sus opciones más profundas y su modo de vivir la propia espiritualidad.

María es, para él, una persona viva y operante que ilumina su camino, sostiene sus esfuerzos y le ayuda de muchas maneras, incluso en ocasiones de manera extraordinaria.

No podemos considerar a Don Bosco únicamente como el propagador e impulsor de la invocación de “Auxiliadora de los cristianos”. Sólo captaremos la experiencia mariana de Don Bosco si analizamos la trayectoria de su vida y admiramos su confianza personal en María, “Pastora y Maestra”. Maestra concedida por quien es el verdadero “Maestro”, Jesús, el Señor, a quien Don Bosco sigue con firmeza y decisión.

En este breve recorrido sobre la vida de Juan Bosco podremos caer en la cuenta de que Don Bosco es, ante todo, un cristiano, un creyente que se forma en la espiritualidad de su tiempo, la asimila, la hace opción personal y le ayuda en su seguimiento de Jesús.

Durante todo el camino de su crecimiento y madurez espiritual va tomando las invocaciones marianas que las circunstancias y lugares por donde pasa le ofrecen. No sería correcto pensar que Juan Bosco entendió e invocó a María como “Auxiliadora” desde los primeros años de su vida. Fue en sus últimos veinte años cuando se convirtió en “apóstol decidido de tal invocación”.

Comenzando por invocaciones muy populares, va madurando y va creciendo como empeño personal también en su forma de ver y expresar su confianza en la Virgen María. Juan Bosco creyente ejemplar nos ofrece el ejemplo de lo que ha podido ser nuestro propio camino de madurez espiritual mariana.

Comencemos por los inicios, por la infancia, por su modo cariñoso de invocar a su verdadera “Guía”, a la “Madre que nunca le iba a dejar”

En diciembre de 1862 Don Bosco manifes­taba al P. Juan Cagliero, (más tarde primer Obis­po y primer Cardenal Salesiano), que pensaba le­vantar un gran templo y añadía: “Hasta ahora he­mos celebrado con solemnidad la fiesta de la Inma­culada porque el 8 de diciembre tuvieron principio nuestras obras. Ahora la Virgen quiere que la hon­remos bajo el título de María Auxiliadora. Los tiempos corren tan tristes y peligrosos que tene­mos necesidad de que la Virgen nos auxilie y ayu­de a conservar y defender la fe cristiana”.