- Noveno día

María Reina del Universo

“Todos estaban unidos, insistiendo en la oración, con María, la Madre de Jesús” (Hch. 1, 14)

El gran cuadro de María Auxiliadora. 1868

Corre 1868. La obra de Valdocco, nacida como oratorio, logró plasmarse conforme al sueño de la niñez. La Sociedad de san Francisco de Sales crece año tras año, se ha expandido la devoción a María Auxiliadora y hasta se le ha construido una basílica en Turín, que constantemente se llenaba de fieles marianos. Pero faltaba algo que era mucho más que un simple detalle. Si bien existían imágenes de María Auxiliadora, el santo de Turín quiso pintar una con características propias, bajo cuya mirada pudiesen sentirse amparados todos sus hijos que devotamente acudían a invocarla en la basílica ya construida. Con tal fin, pues, decidió iniciar la confección de un gran cuadro.

En la primera reunión que Don Bosco tuvo con Tomás Andrés Lorenzone (1824-1902), el pintor que había elegido para  pintar el cuadro para la nueva Iglesia de María Auxiliadora, dejó maravillados a todos los presentes con la  grandiosidad de sus ideas. Expresó así su pensamiento: “En lo alto, María Santísima entre los coros  angélicos; en torno a Ella y más cerca los apóstoles, después  los mártires, los profetas, las vírgenes y los confesores.  En  tierra, los emblemas de las grandes victorias de María y los pueblos de las distintas partes del mundo con las manos levantadas pidiendo auxilio”. Hablaba como de algo ya visto por él y precisaba todos los detalles. Lorenzone lo escuchaba sin perder sílaba. Cuando D. Bosco terminó, le preguntó:

-“¿Y dónde pondrá ese cuadro?”

-“¡En  la nueva iglesia!”

-“¿Cree Ud. que entrará en ella?”

-“¿Por qué no?”

-“¿Y dónde encontrará la sala para pintarlo?”

- Eso va por cuenta del pintor”

-“¿Dónde quiere que halle un espacio capaz para este cuadro? Haría falta toda la plaza Castillo. Salvo que pretenda una miniatura para el microscopio”

Todos rieron. El pintor demostró su punto de vista, teniendo en cuenta las medidas y reglas de la proporción. D. Bosco quedó un poco contrariado, pero no tuvo más remedio que reconocer que el pintor llevaba razón. Se decidió que el cuadro llevara solamente la Virgen, los apóstoles, los evangelistas y algunos ángeles en la parte superior. Al pie del mismo, bajo la gloria de la Virgen, iría el Oratorio. Se alquiló un amplísimo salón  del palacio Madama y el pintor empezó inmediatamente su trabajo; este le ocuparía casi tres años.

“Cierto  día  –cuenta un sacerdote del Oratorio  –  entré en el estudio del pintor para ver el cuadro. Era la primera vez  que yo me tropezaba con Lorenzone. Estaba él sobre una escalerilla dando los últimos toques al rostro de  la imagen de la Virgen. No se volvió al ruido de mi entrada, continuó su trabajo. Después de un rato descendió  y se puso a contemplar el efecto que daban los últimos retoques. De pronto se percató de mi presencia: me agarró de un brazo y me llevó a un punto desde donde pudiera apreciar mejor el cuadro y, una vez allí, me dijo:

-¡Mire qué hermosa es! No es obra mía; no soy yo quien pinta, hay otra mano que guía la mía. Y esta, a mi parecer, pertenece al Oratorio. Diga, pues, a D. Bosco que el cuadro saldrá como  él lo quiere. Estaba locamente entusiasmado. Después se puso nuevamente a su trabajo”.

Cuando se llevó el cuadro a la iglesia y se colocó en su lugar, Lorenzone cayó de rodillas derramando abundantes lágrimas.

María es figura de la Iglesia, madre  y modelo de ella, donde el rostro de la Madre es igual al rostro del Hijo, y donde ella aparece sostenida por Pedro y Pablo, y rodeada por los apóstoles y evangelistas. En una palabra: una Iglesia apostólica y misionera. La Virgen de D. Bosco es una reina, sí, coronada de doce estrellas y vestida de sol, como la mujer signo del Apocalipsis,  aunque no preparada para abatir a sus enemigos, sino amorosa, providente, con los brazos abiertos para proponer y ofrecer a su Hijo. El Hijo, por su parte, según las palabras de D. Bosco, “tiene los brazos abiertos, ofreciendo así sus gracias y su  misericordia a quien recurre a su Augusta Madre. La Virgen de D. Bosco “está vestida de sol”, llena de poder, por estar inmersa en aquel mar de luz que es Dios. En la realización de esta misión no estamos solos. María nos ha sido dada como auxilio poderoso contra el mal en la lucha por la salvación de los jóvenes, Auxiliadora que cuida con amor de madre a todos aquellos que se encuentran atravesando ese mundo oscuro representado a sus pies.