- Sexto día

SEXTO DÍA

María Madre del buen consejo

“María meditaba estas palabras en su corazón”

La devoción a María Auxiliadora. 1862

Corre el año 1862. El santo de Turín, con cuarenta y siete años de edad y veintiuno de sacerdocio ministerial, ha venido realizando un proceso profundo de maduración en su fe. La vida le había golpeado duramente, sus ojos vieron crecer la obra del oratotio, ha nacido ya la Sociedad de San Francisco de Sales, pero aún hay más elementos por madurar. Son tiempos difíciles, especialmente para la Iglesia. Mamá Margarita ya no está, pero se cuenta con la asistencia permanente de la Madre celestial. Hasta entonces la invocaban como Inmaculada, pero el santo despertó en su devoción el interés por otra advocación.

Cada veinticuatro de mayo, todo el mundo católico celebra como memoria la advocación de la Virgen con el título de Auxilio de los Cristianos. La familia salesiana, extendida también por todo el mundo, la celebra como solemnidad propia. La devoción a la Virgen bajo esa querida advocación toma fuerza cuando San Juan Bosco, apóstol de la juventud especialmente de la marginada, la toma como propia.

Haciendo un poco de historia podemos decir que el primero que llamó a la Virgen María con el título de “Auxiliadora” fue San Juan Crisóstomo, en Constantinopla en al año 345, cuando dice: “Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios”. También San Sabas en el año 532 nos cuenta que en Oriente había una imagen de la Virgen que era llamada “Auxiliadora de los enfermos”, porque junto a ella se obraban muchas curaciones. San Juan Damasceno, santo sirio gran talento escolástico, en el año 749 fue el primero en propagar la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”. Pero es en 1572 cuando el papa San Pió V introdujo en todo el mundo católico en las letanías la advocación “María Auxiliadora, rogad, por nosotros”, porque en ese año se atribuyó la victoria de las tropas cristianas sobre las turcas en la batalla de Lepanto a la intercesión de la Virgen como auxilio de los cristianos.

Ya más cercano en el tiempo, en 1814, el papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el Pontífice quedó libre, y llegó a Roma el 24 de mayo. Desde entonces quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.

Pero sin duda fue San Juan Bosco quien impulsó de manera definitiva la devoción a la Virgen bajo esa advocación de tal modo que la Auxiliadora es considerada la “Virgen salesiana”. Será en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. “La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana”. Cierto es también que la devoción a la Inmaculada fue una de las primeras y preferidas de Don Bosco. Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como “central y sintetizador”. La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como “Auxiliadora del Pueblo de Dios”. “Ella lo ha hecho todo” repetía constantemente. En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: “No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia”.