Francia – Los internados salesianos, una escuela de vida

(ANS – Lyon) – La vida en común es por supuesto un reto para la red de internados de las escuelas salesianas en Francia. Los educadores deben demostrar creatividad y compromiso. Pero, ¿cómo se vive en un internado salesiano? Estos son los testimonios de algunos educadores.

En la Fundación Don Bosco de Niza, Bernard Chastang cuenta su experiencia más hermosa: “Fue cuando vi cómo los jóvenes estudiantes carpinteros escuchaban el concierto de sus compañeros de que tocaban el violonchelo”. Un aspecto que destacó el profesor de la escuela secundaria Pressin, el Sr. Sylvie Ducatel: “es que una de las peculiaridades es que no existen barreras entre los jóvenes que realizan el aprendizaje y aquellos que estudian en la escuela secundaria.”

Es cierto que existen dificultades: “para vivir de verdad en la comunidad, tenemos que obligarlos a salir de sus habitaciones, a dejar sus tabletas y sus teléfonos inteligentes”, añade el profesor Chastang. De hecho, como afirma Sor Virginie Mérel, responsable de la Escuela Superior Don Bosco de Lyon, el internado salesiano tiene como objetivo enseñar a los jóvenes “a tener espíritu participativo, a ayudarse mutuamente, a encontrase con los demás… Y nos centramos en la atención a los más frágiles o a aquellos que luchan para integrarse”.

En el campus de Pouillé, cerca de Angers, se trabaja en la capacitación de los jóvenes, que, por ejemplo, en algunas ocasiones realizan las filmaciones, “recibiendo los equipos de audio-vídeo profesionales”, explica el director del centro el Sr. Jean Poto-François Dussine. También los muchachos participan en diversas grupos (recepción, gestión, tutoría…) en el que “el adulto está para guiarlos, no para hacer el trabajo por ellos”.

La presencia de educadores sigue siendo esencial. “Es importante que los jóvenes sepan que hay un adulto que está interesado en ellos, está interesado a invertir y conocer las cosas que hacen”, explica Jean-Jacques Kagan, del Liceo de Ressins. Por otra parte el Sr. Pascal Dumas insiten en la importancia de educar en los pequeños gestos, como por ejemplo, en el “tener respeto por los otros, augurar una buena jornada, recordar todas las mañanas el arreglo de la habitación y en la noche pasar un tiempo de calidad con los niños, interesarse por sus pasiones y sus gustos… Estas cosas requieren tiempo, pues crean buen ambiente, un clima de respeto”.

La presencia de los educadores, además, tiene un valor pastoral. En el Liceo Don Bosco, por ejemplo, las niñas consideran a las hermanas como las “abuelas”, pues aprecian el tiempo que pasan con ellas.

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