Domingo, 1 may (RV).- «¡Dichoso tú, amado Beato Juan Pablo II, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios». Fue la emocionada invocación de Benedicto XVI, culminando su bellísima e intensa homilía, de la Santa Misa en la que beatificó a su amado predecesor, haciendo resonar en la abarrotada Plaza de San Pedro y en sus alrededores, veneración, cariño, devoción, profunda gratitud y alegría.