- P. Manuel Cayo sdb

Caminando hacia la luz

P. Manolo, sdb

Yánkuam’ Jintia (P. Luis Bolla), me ha regalado una de las semanas más intensas y bonitas de mi vida salesiana. Fueron ocho días de peregrinación hacia el corazón de la selva en un doble viaje: mientras más nos adentrábamos en la espesura, más descubríamos las dimensiones de su corazón misionero y su entrega generosa.

Por eso mismo, más allá del cansancio o las incomodidades, la alegría fue creciendo serena y desbordante en mí y en todos los que pudimos participar de esta peregrinación. Se percibía entre nosotros que Dios nos estaba diciendo mucho a través de la vida de Yánkuam’.

Ahí mismo, lejos de todo, en un contexto muy diverso al que cotidianamente estoy acostumbrado, confirmaba lo que días antes decía en Lima: “El suyo no es sólo un testimonio heroico de un hermano excepcional que todos admiramos y pocos pueden imitar ¡NO! Él es una demostración elocuente de lo que podemos llegar a ser todos nosotros cuando nos tomamos en serio a Dios y a los hermanos. Cuando abrazamos la radicalidad evangélica. Cuando le damos la prioridad al Señor y lo dejamos actuar en nosotros con toda la fuerza de su gracia. En estos tiempos claves de cambios epocales, de ‘nuevo nacimiento’ … la vida de Yánkuam’ se convierte para los salesianos en una estrella luminosa que nos indica el camino a transitar. Por eso nos confiamos a su intercesión para vivir con su misma pasión, entrega y encarnación”.

Todos los momentos fueron hermosos en su diversidad, pero el que más me emocionó y disfruté fue la Misa en Kuyuntsa, totalmente en lengua Achuar, con una liturgia plenamente inculturada y una participación espléndida de la gente: todos frutos elocuentes de una misión que supo plantar la Iglesia con rostro Achuar.

Al final, cuando iban a colocar a Yánkuam’ en su sepultura, se generó una discusión entre los diáconos y el Apu de la tribu. El P. Diego Clavijo me tradujo la situación: Los diáconos colocaron el cajón con los pies apuntando hacia el este (donde sale el sol) y el jefe les decía que los pies debían apuntar al Oeste, porque el muerto “camina hacia la oscuridad”, como enseñaban las tradiciones. Los diáconos se mantuvieron firmes y dijeron: “Eso era antes de Yánkuam’ porque él nos enseñó que cuando morimos no caminamos hacia la noche, sino que vamos hacia la luz que nunca termina”.

Una imagen de lo que fueron estos días: un verdadero camino a la luz.