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El Papa en Bolivia: “Jesús nunca se saltea la dignidad de nadie”

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Miles de personas acudieron a la plaza para compartir la celebración eucarística con el papa Francisco, en su segundo día en Bolivia. Desde primeras horas de la mañana, cantos y música tradicionales animaban la espera. A la llegada del Santo Padre en el papamóvil, la multitud mostró su entusiasmo, levantado sus banderas, aplaudiendo y gritando con fuerza. Durante el recorrido entre los fieles, el Pontífice quiso detener en varias ocasiones el papamóvil para saludar más de cerca a algunas personas y bendecir a algunos niños.

Durante la homilía, el Santo Padre reflexionó sobre la memoria de los pueblos, que pasa de generación en generación, una memoria en camino. Al respecto advirtió que no son pocas las veces “que experimentamos el cansancio de este camino”,  “que faltan las fuerzas para mantener viva la esperanza”. Y a veces nos gana “una tristeza que se vuelve individualista, que nos hace perder la memoria de pueblo amado, de pueblo elegido”, añadió.

Asimismo el Pontífice indicó que “en un corazón desesperado es muy fácil que gane espacio la lógica que pretende imponerse en el mundo de nuestros días”. Una lógica –precisó– que busca transformar todo en objeto de cambio, de consumo, todo negociable.

Haciendo referencia al Evangelio del día, la multiplicación de los panes y los peces, el Papa observó que Jesús tuvo una actitud en tres palabras, “toma” un poco de pan y unos peces, los “bendice”, los parte y “entrega” para que los discípulos lo compartan con los demás. Con estas tres acciones, Jesús “logra transformar una lógica del descarte, en una lógica de comunión”, añadió. Y de este modo, reflexionó sobre estas tres ideas.

El punto de partida, es “tomar muy en serio la vida de los suyos”, aseguró. “Jesús nunca se saltea la dignidad de nadie, por más apariencia de no tener nada para aportar o compartir”, afirmó el Papa.

En segundo lugar “bendice”. El bendecir –indicó– tiene esa doble mirada, por un lado agradecer y por otro el poder transformar. Por eso, aseguró que “nuestro Padre no nos quita nada, todo lo multiplica”.

Y finalmente “entrega”. El Santo Padre subrayó que “en Jesús, no existe un tomar que no sea una bendición, y no existe una bendición que no sea entrega”. Jesús, “logra generar una corriente entre los suyos, todos iban compartiendo lo propio, convirtiéndolo en don para los demás y así fue como comieron hasta saciarse”, añadió.

La Eucaristía –recordó Francisco– es Sacramento de comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento y nos da la certeza de que lo que tenemos, lo que somos, si es tomado, si es bendecido y si es entregado, con el poder de Dios, con el poder de su amor, se convierte en pan de vida para los demás.

La oración de los fieles de la misa, se realizó en diversas lenguas, guaraní, español, quechua y aimara.

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